¿Hay relación entre Pino y Vélez-Costa? ¿Está AXSí detrás de esta página donde se han dado amenazas de muerte?

Lo que está ocurriendo en Vélez-Málaga con la página denominada Vélez-Costa no puede seguir normalizándose como una simple "crítica política". Estamos ante un fenómeno de acoso sistemático, reiterado y obsesivo contra adversarios políticos concretos, especialmente contra el Grupo Independiente Pro Municipio de Torre del Mar y, de manera personal, contra el primer teniente de alcalde Jesús Pérez Atencia.
Vélez-Costa no actúa como un espacio de opinión plural, puesto que bloquean cualquier opinión que no sea contraria al GIPMTM. Su actividad revela un patrón claro: ataques personales, descontextualización de hechos, campañas persistentes contra los mismos objetivos y, lo más grave, la permisividad con comentarios y publicaciones que han llegado a incluir amenazas de muerte. Esto ya no es política. Es irresponsabilidad, cuando no algo peor.
En este contexto, resulta legítimo —y necesario— formular una pregunta que cada vez se hace más gente:
¿Existe relación existe entre José Pino, miembros de Andalucía Por Sí (AxSí) y la página Vélez-Costa?
La coincidencia no es menor ni puntual. Publicaciones, vídeos y mensajes difundidos desde las redes oficiales o personales de José Pino y AxSí aparecen de forma casi inmediata replicados en Vélez-Costa, muchas veces con idéntico enfoque, mismos vídeos, mismo relato y mismo objetivo político. No hablamos de afinidad ideológica genérica, sino de una sincronización llamativa que sugiere, como mínimo, una estrategia coordinada de agitación digital.
José Pino, lejos de condenar este tipo de prácticas, ha guardado silencio ante el uso del acoso como arma política. Un silencio que pesa, especialmente cuando esta página se convierte en una trituradora de reputaciones y un vertedero de odio, sin filtros ni límites éticos.
La política local no puede convertirse en un lodazal donde todo vale. El anonimato no puede ser una coartada para el hostigamiento, ni los partidos pueden mirar hacia otro lado cuando se cruzan líneas rojas tan evidentes como las amenazas personales. Quien aspire a gobernar o a representar a la ciudadanía tiene la obligación de condenar de forma clara y sin ambigüedades estas prácticas, no de beneficiarse de ellas.
La ciudadanía merece debates, propuestas y soluciones. No campañas de odio, ni páginas obsesionadas con destruir al adversario a cualquier precio. Y quien no sea capaz de marcar esa diferencia debería preguntarse seriamente si está a la altura de la responsabilidad pública que dice defender.

