¿Quién da permiso a Pino a colarse en los portales y pegar en la puerta de tu casa? ¿Hasta cuándo esa intromisión en lo privado?

José Pino vuelve a situarse en el centro de la polémica por una práctica que muchos vecinos consideran invasiva: acceder a comunidades de propietarios y portales para repartir propaganda e incluso dejarla pegada en puertas de viviendas. Y aquí conviene desmontar el relato victimista con una realidad incómoda: hacer publicidad no da patente de corso para colarse en espacios privados ni para empapelar donde a uno le venga bien.
La consulta de la normativa municipal de Vélez-Málaga deja una conclusión muy seria. El reparto domiciliario de publicidad solo queda amparado en la medida en que no genere suciedad (Y son muchos los folletos que vemos tirados por el suelo), mientras que la publicidad en la vía pública exige control administrativo y la ordenanza sanciona la colocación de elementos publicitarios en lugares no autorizados. Es decir: una cosa es buzonear correctamente y otra muy distinta usar portales, puertas o zonas comunes como si fueran un tablón gratuito de campaña permanente.
Más aún: los portales y elementos comunes de una comunidad de propietarios no son vía pública, sino espacios privados sometidos a reglas de uso. Por eso, el acceso de terceros con fines comerciales o publicitarios puede quedar restringido por la comunidad, y desde luego no aparece en ninguna parte como un derecho automático del repartidor de turno.
La pregunta, por tanto, es directa: ¿Quién ha autorizado a José Pino a entrar en comunidades ajenas para hacer propaganda? Porque si no existe ese permiso, la imagen que queda es demoledora: una política invasiva, molesta y cada vez más difícil de justificar. Y si además la publicidad acaba pegada en puertas o colocada en elementos no autorizados, el problema deja de ser solo de mal gusto para rozar de lleno la infracción administrativa.
En resumen: buzonear no es automáticamente ilegal en Vélez-Málaga, pero entrar en portales privados sin autorización y usar puertas o zonas comunes para colocar propaganda está muy lejos de ser una práctica limpia, pacífica o jurídicamente cómoda. Quien quiera hacer campaña, que la haga dentro de la ley y sin tratar la intimidad de los vecinos como si fuera su cortijo.
