José Pino cae en su trampa: Cazado con chófer, coche de lujo y casi 80.000 euros de sueldo

04.05.2026

José Pino, portavoz de Andalucía Por Sí en Vélez-Málaga, ha querido volver a presentarse como el gran fiscalizador del gasto público atacando en redes sociales al alcalde, Jesús Lupiáñez, por el supuesto uso de un coche oficial. Pero la jugada le puede haber salido al revés.

Mientras Pino acusaba al alcalde de utilizar un vehículo con chófer y gasolina "del dinero de los vecinos", una imagen captada en Torre del Mar muestra al propio dirigente andalucista subido en un coche de alta gama, sonriendo y saludando desde el asiento del acompañante, mientras su chófer conduce.

La fotografía, por sí sola, no demuestra quién paga ese vehículo ni en qué contexto se produce el desplazamiento. Pero políticamente deja una imagen demoledora: el mismo que denuncia coches, chóferes y privilegios aparece retratado en una escena que sus críticos consideran el símbolo perfecto de la contradicción.

Pino lleva meses construyendo un discurso basado en señalar el gasto ajeno. Habla de arcas municipales, de impuestos, de gasolina gratis, de tasas, de fiestas y de dinero público, lo que le ha llevado a convertirso, según el entorno, en el 'REY DEL BULO'. 

Pero ese discurso choca frontalmente con una realidad que sus adversarios no dejan de recordarle: el portavoz andalucista percibiría varias retribuciones públicas que, según se ha denunciado en el debate político local, rondarían los 80.000 euros anuales para un concejal de la oposición, "dedicado a recoger cuatro naranjas, pintar fachadas privadas y hacer política barriobajera".

Pino, en Torre del Mar, con coche de lujo y chófer
Pino, en Torre del Mar, con coche de lujo y chófer

Y ahí está el verdadero problema político: no se puede dar lecciones de austeridad desde una posición de privilegio público. No se puede intentar presentarse como víctima del sistema mientras se forma parte de él. No se puede acusar a otros de vivir del dinero de los vecinos mientras uno también cobra del dinero público.

La escena del coche ha encendido las críticas porque concentra en una sola imagen todo aquello que Pino reprocha a los demás: comodidad, vehículo de alta gama, acompañante al volante y una actitud de aparente normalidad mientras en redes se lanza un mensaje incendiario contra el alcalde.

Sus palabras contra Lupiáñez hablaban de "coche oficial", "chófer" y "gasolina gratis". Pero la imagen que circula ahora le devuelve la pregunta al propio Pino: ¿con qué autoridad moral denuncia los supuestos privilegios de otros quien no aclara los suyos?

José Pino tiene derecho a criticar al alcalde. Tiene derecho a fiscalizar al gobierno. Tiene derecho a cuestionar el uso de recursos públicos. Pero ese derecho también implica una obligación: dar explicaciones cuando su propia imagen pública entra en contradicción con el discurso que predica. 

Porque la política no va solo de publicar mensajes duros en Facebook. La política también va de coherencia. Y en este caso, la coherencia queda muy tocada.

Pino acusa al gobierno municipal de gastar millones, de subir tasas y de cargar sobre los vecinos nuevos costes. Pero mientras lanza ese mensaje, sus críticos le reprochan que mantenga una situación económica vinculada a cargos públicos que dista mucho de la imagen de ciudadano desamparado que intenta proyectar.

La pregunta ya no es solo si el alcalde usa o no coche oficial. La pregunta es otra: ¿puede José Pino erigirse en juez del gasto público sin someterse él mismo al mismo nivel de exigencia?

Por el momento, el portavoz de Andalucía Por Sí no ha aclarado públicamente las circunstancias de la imagen: ni el motivo del desplazamiento, ni quién conducía, ni si se trataba de un trayecto privado, político o institucional. Y mientras no lo haga, la fotografía seguirá alimentando una polémica incómoda para quien quiso abrir una batalla contra los privilegios y terminó situado en el centro de su propia contradicción.

En Vélez-Málaga y Torre del Mar, la imagen ya corre de móvil en móvil. Y el mensaje político es claro: quien señala con el dedo debe tener cuidado de no acabar retratado por su propio espejo.

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