José Pino descubre que las urnas tienen la fea costumbre de contar votos y no lloros: El llanto épico del Andalucista

José Pino ha vuelto a salir al escenario político local con ese tono de señor que entra al bar después de perder 6-0 y dice que "el partido de verdad empieza el año que viene". Tras los resultados autonómicos, el portavoz de Andalucía Por Sí en Vélez-Málaga ha decidido que lo importante no son los votos, ni los porcentajes, ni el papel real de su formación, sino que, según él, Jesús Lupiáñez "se ha reído" de su resultado.
Y claro, ahí está el drama. No el drama electoral, que también. El drama emocional.
Porque Pino no ha comparecido exactamente para analizar unos comicios. Ha comparecido para levantar acta de su indignación, llorar públicamente, poner cara de ofendido institucional y recordar al mundo que él no se presentaba a estas elecciones, cuando lleva semanas haciendo campaña, ha movilizado a la cuadrilla que recoge naranjas y hasta llevó a Coín al que lo enchufó en el Ayuntamiento. Algo muy útil cuando los resultados son discretos. Si salen bien, son tuyos. Si salen mal, eran de otro.
La política, amigos.
Según el comunicado de AxSí, más de 800 personas votaron a la formación andalucista en Vélez-Málaga. Y Pino lo ha vendido como si aquello hubiera sido el desembarco de Normandía. "Casi 200 votos más", viene a decir. Que dicho así suena épico, hasta que uno recuerda que, con ese entusiasmo, cualquier comunidad de vecinos con grupo de WhatsApp medianamente activo podría fundar una república independiente.
Pero lo mejor llega cuando Pino acusa a Lupiáñez de atribuirse los resultados de Juanma Moreno. Es decir, Pino se enfada porque el alcalde presume de una victoria que no era exactamente suya, mientras él intenta explicar que su derrota tampoco era exactamente suya. Un festival de "esto no va conmigo" digno de estudio en primero de Escapismo Político.
Y entonces llega el gran giro argumental: las municipales de 2027.
Ahí sí. Ahí sí que sí. Ahí será "Lupiáñez contra Pino". El alcalde contra la "única esperanza de cambio". Porque José Pino, tras unos resultados que no invitan precisamente a abrir champán, ha decidido autoproclamarse salvador municipal. Ya no es portavoz. No. Es la última vela encendida en la oscuridad. El elegido. El Moisés de AxSí bajando de la montaña con dos tablas, 800 votos y un sueldo de mas de 80.000 euros en la oposición.
El problema es que tanta épica queda un poco rara cuando viene precedida de una queja porque alguien se ha reído de ti. No se puede entrar en modo "soy la única esperanza de Vélez-Málaga" justo después de salir en modo "mamá, Lupiáñez me ha dicho cosas". Hay una contradicción estética. Y política.
Pino también ha dicho que Lupiáñez está "arrodillado" ante Atencia y el GIPMTM. Una frase fuerte, de esas que se lanzan para sonar contundente. Pero mientras intenta pintar al alcalde como un muñeco manejado por otros, el propio Pino parece atrapado en su propio teatrillo: el del candidato que necesita convertir cada tropiezo en conspiración, cada crítica en ataque personal y cada mal resultado en una "gran noticia si lo miras de lado, con poca luz y desde muy lejos".
Porque esa es la sensación que deja el comunicado: mucho orgullo herido, mucha pose de combate y poca autocrítica. Ni una reflexión seria sobre por qué AxSí sigue sin romper el techo político que dice estar a punto de romper. Ni una explicación convincente sobre cómo se pasa de 800 votos autonómicos a aspirar a liderar un municipio entero. Solo una promesa: "el pueblo hablará".
Hombre, hablar ya ha hablado. Otra cosa es que no haya dicho lo que Pino quería escuchar.
Y quizá por eso el comunicado suena menos a declaración política y más a nota manuscrita después de un recreo complicado: "Se han reído de mí, pero ya veréis el año que viene". Un clásico. El "ya verás cuando llegue mi primo" de la política local.
La realidad es bastante menos heroica. AxSí ha sacado un resultado que permite a Pino seguir haciendo ruido, sí, pero no le permite venderse como huracán electoral. Puede seguir comparándose con Lupiáñez, puede desafiarlo a duelos imaginarios, puede llamar "arrodillados" a unos y proclamarse esperanza de otros. Pero, al final, las urnas tienen una manía bastante desagradable para los relatos épicos: cuentan votos.
Y los votos, de momento, no han escrito "José Pino, salvador de Vélez-Málaga".
Han escrito otra cosa bastante más sencilla: mucho comunicado, mucha indignación y mucha película… para tan poca taquilla.
