La obsesión del autor de Vélez-Costa con 'La Nueva Axarquía' es muy real: ¡¡Lo hemos cazado!!

La página de Vélez-Costa y la persona que está detrás y que tenemos perfectamente identificado, vuelve a demostrar, una vez más, que vive pendiente de cada publicación que sacamos. No es la primera vez, ni será la última. Cuando alguien dedica tanto tiempo a mirar lo que hacemos, lo que realmente está reconociendo es una cosa muy simple: que este medio marca el paso y que aquí se publican informaciones que no pueden ignorar.
Lo llamativo no es que nos sigan. Lo verdaderamente revelador es que, con cada reacción, con cada intento de responder o desacreditar, terminan confirmando justo lo que les molesta: que nuestras publicaciones son verídicas, que los hechos están ahí y que la realidad no se tapa con rabietas, ataques ni propaganda disfrazada de información.
En Vélez-Costa llevan tiempo instalados en una estrategia tan previsible como desgastada: atacar, insultar, acosar, agitar y tratar de sembrar dudas cuando la verdad les incomoda. Pero el problema para ellos es evidente. Por mucho que intenten embarrar el terreno, los hechos siguen siendo los hechos. Y cuando uno se pone nervioso cada vez que se publica una información, quizá no sea por lo que se inventa, sino por lo que acierta.
Nosotros no necesitamos perseguir a nadie. No necesitamos montar teatros ni fabricar relatos. Nos basta con publicar y dejar que cada cual se retrate solo. Y en ese ejercicio, algunos llevan ya demasiado tiempo dejando claro de qué lado están: no del rigor, no de la información y, desde luego, no de la honestidad informativa.
Que Vélez-Costa esté tan pendiente de este medio solo confirma una evidencia cada vez más clara: aquí se está contando lo que otros querrían silenciar. Y eso les escuece. Les escuece porque desmonta discursos, deja al descubierto contradicciones y rompe el relato que algunos llevan años intentando imponer.
Por nuestra parte, ninguna novedad. Vamos a seguir publicando, denunciando lo que haya que denunciar y contando la realidad sin pedir permiso a nadie. Aunque a algunos les duela. Aunque a otros les retrate. Y aunque desde determinadas páginas sigan viviendo más pendientes de lo que hacemos nosotros que de hacer un trabajo serio de verdad.

