Opinión: Los borrachos no siempre dicen la verdad -sobre EMVIPSA-

Cuando alguien se planta delante de una cámara visiblemente ebrio, en una habitación que parece oler más a ciénaga que a verdad, y pretende dar lecciones mientras manipula los hechos, no estamos ante un ejercicio de periodismo. Estamos ante una puesta en escena burda, interesada y profundamente irresponsable.
El periodismo exige rigor, contraste de fuentes y, sobre todo, respeto por la verdad. Nada de eso se cumple cuando la única "fuente" es Vélez Costa, un altavoz sin credibilidad que ha demostrado, una y otra vez, que no informa: milita. Cuando tu única base informativa es ese medio, tu credibilidad no es baja; es directamente nula.
Pero lo más grave no es la forma, sino el fondo. Hablar alegremente de que EMVIPSA tiene 1.500 trabajadores sin explicar cómo se compone realmente esa plantilla no es un error: es una mentira consciente. Y las mentiras, cuando se dicen para favorecer a determinados intereses políticos, tienen nombre.
EMVIPSA cuenta con cerca de 900 trabajadores de ayuda a domicilio, un servicio esencial que no paga el Ayuntamiento, sino la Junta de Andalucía. El resto de la plantilla presta servicios en edificios municipales, monitores deportivos, brigadas de playas, obras, limpieza y tareas concretas. Esa es la realidad. Esa es la verdad que se oculta deliberadamente porque no encaja en el relato que se quiere vender.
¿Por qué no se cuenta? Porque desmonta el discurso fácil, porque no sirve para atacar ni para blanquear gestiones políticas. Porque decir la verdad no da rédito cuando tu objetivo es lamerle el traserillo al político de turno, especialmente si ese político actúa con la misma falta de ética y de respeto por la inteligencia de la ciudadanía.
La crítica política es legítima. El periodismo incómodo es necesario. Pero la manipulación, la intoxicación informativa y el servilismo disfrazado de información no lo son. Y cuando se cruzan todas esas líneas, lo mínimo es llamar a las cosas por su nombre.
Esto no va de opiniones. Va de hechos.
Y los hechos, por mucho que algunos intenten ocultarlos entre alcohol, cámaras y bulos, siguen siendo los mismos.
