Pino busca convertirse en el primer 'okupa' del Ayuntamiento: Sin proyecto ni programa, cobrar y poco más

José Pino quiere ser alcalde de Vélez-Málaga. Eso está claro. Lo que resulta bastante menos claro, a estas alturas, es para qué.
Andalucía Por Sí ya lo ha proclamado candidato para las municipales de 2027 entre hermanos, primos, amigos, sus cuñadas y algunos cargos del partido. La candidatura está. El acto de presentación también. Las fotografías, los discursos y la aspiración al sillón de la Alcaldía, igualmente.
El pequeño detalle que parece haberse quedado para después es explicar qué proyecto completo pretende desarrollar si algún día consigue sentarse en ese sillón.
Y no es una interpretación especialmente rebuscada. Cuando AxSí anunció oficialmente su candidatura a principios de septiembre, la propia información difundida señalaba que, una vez designado Pino, comenzaba el trabajo para "articular la propuesta política" con la que concurrirán a las elecciones. Es decir: primero candidato; después, ya veremos el proyecto.
Una manera bastante peculiar de construir una alternativa de gobierno. Normalmente uno imagina un proyecto para una ciudad y después busca a la persona que pueda encabezarlo. Aquí da la impresión de que el procedimiento va al revés: primero reservamos la silla y luego buscamos qué meter dentro de la carpeta.
El programa parece estar todavía en obras
Pino lleva años fiscalizando al Gobierno municipal. Eso es perfectamente legítimo. Es más: es una de las funciones fundamentales de la oposición. Lo llamativo comienza cuando alguien que aspira a gobernar deja de ser solamente el hombre que señala lo que quitaría y tiene que convertirse en el hombre que explique qué pondría en su lugar. Ahí la cosa se complica.
Sabemos que critica eventos.
Sabemos que cuestiona gastos.
Pero una sucesión de ruedas de prensa, denuncias y mociones no constituye por sí sola un programa para gobernar un municipio como Vélez-Málaga.
Actividad política hay. La pregunta es otra: ¿Dónde está el modelo de ciudad? ¿Dónde está su planificación económica? ¿Dónde están sus prioridades de inversión? ¿Dónde está su propuesta para vivienda? ¿Para movilidad? ¿Para limpieza? ¿Para seguridad? ¿Para empleo? ¿Para los barrios? ¿Para los pueblos? ¿Para Torre del Mar? ¿Para las grandes infraestructuras? ¿Para los servicios públicos? ¿Para los próximos cuatro años? Es fácil: No las tiene.
Porque para ser alcalde no basta con aparecer periódicamente diciendo qué está mal. Un alcalde tiene que decidir qué hace el lunes siguiente. Y el martes. Y durante cuatro años. No puede dedicarse solo a cobrar, como así lleva haciendo desde que cuenta con cuatro sueldos que le dan un suculento 'taco' de más de 90.000 euros.
De momento, conocemos mejor lo que quiere quitar que lo que quiere construir
En el último Pleno municipal, publicaciones locales atribuyeron a Pino su intención de eliminar determinados eventos de Torre del Mar si llega a la Alcaldía, incluidos conciertos y otras actividades que él ha criticado como gasto municipal. Perfecto. Supongamos que mañana desaparecen.
Siguiente pregunta: ¿Y después qué? ¿Cuánto dinero se ahorra exactamente? ¿Dónde se reinvierte? ¿Qué actividad económica sustituye esos eventos? ¿Qué política turística plantea? ¿Qué programación propone? ¿Qué impacto calcula? ¿Qué alternativa ofrece al comercio y la hostelería?
Ahí es donde el eslogan tiene que convertirse en una hoja de cálculo.
Y la pancarta, en presupuesto. Porque gobernar tiene una desagradable costumbre: obliga a poner números. Lo único que no parece necesitar programa son los cargos.
Hay otro detalle interesante.
José Pino no está esperando a llegar a la Alcaldía para conocer cómo funcionan las instituciones públicas. Actualmente forma parte del grupo municipal Andalucía Por Sí en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga y aparece además en la estructura de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol-Axarquía como vicepresidente sexto, con responsabilidades vinculadas a Planificación Estratégica y Recursos Europeos.
Precisamente por eso resulta razonable exigirle algo más que consignas.
Quien ocupa responsabilidades institucionales y aspira además a la Alcaldía ya no puede presentarse eternamente como un comentarista situado al otro lado de la barrera. Tiene acceso a información. Tiene representación. Tiene medios políticos. Tiene responsabilidades públicas. Y tiene tiempo para preparar un proyecto. Lo que necesita ahora es enseñarlo.
El curioso método Pino: primero quiero ser alcalde, luego ya veremos
Existe una escena política que se repite con demasiada frecuencia. Un candidato anuncia: "Quiero gobernar". Muy bien.
—¿Cuál es su programa?
"Ya llegará".
—¿Qué modelo económico propone?
"Hay que cambiar las cosas".
—¿Qué inversiones hará?
"Las necesarias".
—¿Cómo las pagará?
"Gestionando mejor".
—¿Qué hará con cada núcleo del municipio?
"Escuchar a los vecinos".
Traducido al castellano corriente: Deme primero las llaves del Ayuntamiento y después hablamos.
Ese es precisamente el riesgo político que debería despejar Pino cuanto antes. Porque la Alcaldía de Vélez-Málaga no es un piso turístico al que uno llega con una maleta, ocupa cuatro años y posteriormente entrega las llaves. Es una administración con presupuesto, trabajadores, contratos, servicios esenciales, empresas municipales, grandes inversiones y decenas de miles de ciudadanos esperando soluciones.
De ahí lo de "okupa"
El término utilizado en el titular es deliberadamente irónico. No hablamos, evidentemente, de una ocupación ilegal. Hablamos del "okupa político": aquel que parece estar mucho más preocupado por conseguir las llaves del edificio que por explicar qué piensa hacer dentro.
Pino puede acabar desmontando esa crítica con enorme facilidad. Pero no lo va a hacer porque no tiene ningún documento con medidas, con cantidades, con fechas, con inversiones, con prioridades, con financiación, con compromisos verificables, entonces no podremos discutir de política.
Mientras tanto, lo que tenemos es algo bastante más sencillo: Un candidato presentado oficialmente, una campaña en marcha, una enorme cantidad de críticas, una lista creciente de cosas que asegura que cambiaría o eliminaría, y un proyecto integral de gobierno que todavía no aparece públicamente desarrollado.
Y mientras aparece el programa, las instituciones sí pagan puntualmente
Aquí se encuentra probablemente la mayor ironía. Para cobrar una responsabilidad pública no hace falta presentar un programa electoral. Para aspirar a otra tampoco. Y para anunciar que se quiere ser alcalde, mucho menos.
Pino ya desarrolla responsabilidades institucionales y percibe retribuciones (90.000 euros calentitos) relacionadas con su actividad pública, aunque la cuantía exacta que recibe personalmente debe verificarse en la documentación individual correspondiente y no confundirse con asignaciones a grupos políticos o cifras teóricas derivadas de otros posibles cargos.
Por eso la fiscalización debe hacerse precisamente al revés de como se hace tantas veces en política: Ni inventando cifras ni adjudicándole intenciones imposibles de demostrar.
Basta con hacerle preguntas.
¿Cuál es su programa?
¿Cuánto cuesta?
¿Cómo se paga?
¿Qué quiere hacer exactamente con Vélez-Málaga?
Y quizás la más incómoda:
Si mañana le entregaran las llaves de la Alcaldía, ¿qué proyecto concreto tendría preparado para empezar a gobernar?
Porque llegar al Ayuntamiento puede ser un objetivo político. Pero llegar al Ayuntamiento no puede ser el proyecto político.
