Pino y su mundo paralelo: Va de víctima y la hemeroteca lo revienta

En los últimos días, el municipio de Vélez-Málaga ha podido comprobar la peor de las caras de José Pino en lo que va de mandato. Y mira que era difícil superar lo que este personaje había echado en su mochila de la desvergüenza política. Pero se ha superado con creces con una nueva personalidad que cierra el círculo de una personalidad digna de estudio por parte de la psicología. La máscara que le quedaba era la de cínico.
Porque José Pino ha demostrado en estos días que es un cínico. Según el Diccionario de la lengua española de la RAE, la palabra cínico (del latín cynĭcus, y este del griego kynikós, "perruno") se define principalmente como: Una persona que actúa con falsedad o desvergüenza descaradas / En su origen filosófico, un miembro de la escuela filosófica griega de los discípulos de Sócrates (fundada por Antístenes y representada por Diógenes).
Nos quedamos con el primero de los significados y la radiografía de los últimos días lo confirma. Porque Pino ha intentado tapar el sol con un dedo y la realidad lo ha superado. No ha habido que opinar, ha bastado con tirar de hemeroteca para retratarlo ya no como un cínico de manual, sino como un mentiroso, un manipulador y una persona muy oscura que para más inri quiere ser el representante de un municipio al que no aguanta, no tolera y es por eso que está muy solo.
Y es precisamente en esa soledad política donde comienza a entenderse buena parte de lo sucedido. Porque una cosa es ejercer la oposición, fiscalizar al gobierno y denunciar aquello que se considera injusto, y otra muy distinta es convertir la política municipal en un espectáculo permanente de enfrentamiento, descalificación y oportunismo.
José Pino parece haber confundido la contundencia política con el derecho a humillar y la oposición con una guerra personal contra cualquiera que se interponga en su camino hacia la Alcaldía.
La dimisión de Jesús Lupiáñez ha sido el último escenario de esta representación. Mientras el hasta entonces alcalde anunciaba una decisión dolorosa, explicaba sus motivos y hacía referencia al desgaste personal sufrido durante su etapa al frente del Ayuntamiento, Pino encontraba la ocasión perfecta para presentarse como vencedor de una batalla que únicamente él parece empeñado en convertir en un combate sin reglas.
Su comparecencia posterior resultó reveladora. Llegó a atribuir la dimisión de Lupiáñez a la presión ejercida desde la oposición, presumiendo incluso de haber protagonizado una oposición espectacular las veinticuatro horas del día. Ni una pizca de autocrítica sobre el deterioro del debate municipal. Ni una reflexión sobre los límites de la confrontación. Para Pino, la salida de un alcalde parecía convertirse, ante todo, en un trofeo político.
Y ahí aparece la primera gran contradicción: quien presume de haber llevado al límite la presión sobre un adversario político pretende después presentarse como víctima cuando se cuestionan sus métodos.
Pero la hemeroteca es especialmente incómoda para quienes construyen sus discursos pensando que los ciudadanos tienen memoria corta.
En los últimos días, el Partido Popular de Vélez-Málaga ha difundido una recopilación de intervenciones de Pino bajo el mensaje de que no todo vale en política. Entre las expresiones recogidas figuran referencias despectivas a la capacidad de una concejala para elaborar un discurso y comentarios sobre la forma de hablar de otro edil.
No estamos ante una discusión sobre presupuestos, infraestructuras o servicios públicos. Estamos ante una manera de entender el debate en la que las características personales del adversario terminan ocupando el espacio que deberían tener las propuestas.
Y hay una diferencia enorme entre desmontar un argumento y ridiculizar a quien lo pronuncia. La primera actitud fortalece la democracia. La segunda la empobrece.
Resulta particularmente llamativo que quien aspira a representar a todos los vecinos de Vélez-Málaga encuentre tantas dificultades para respetar públicamente a quienes no comparten sus posiciones. Porque gobernar un municipio exige mucho más que levantar la voz, protagonizar ruedas de prensa o acumular titulares. Exige templanza, respeto institucional, capacidad de negociación y, sobre todo, saber que el adversario político no es un enemigo al que haya que destruir.
LA TASA DE BASURA Y EL ARTE DE CONTAR SOLO MEDIA VERDAD
Otro ejemplo lo encontramos en la controversia de la tasa de residuos. Pino ha convertido este asunto en uno de los principales ejes de su ofensiva contra el gobierno municipal, atribuyendo responsabilidades al PP y al GIPMTM y promoviendo movilizaciones ciudadanas.
Es perfectamente legítimo cuestionar las cuantías aprobadas, exigir una revisión de los criterios de cálculo, reclamar compensaciones fiscales o denunciar posibles errores en los recibos. Lo que resulta mucho más discutible es presentar una realidad normativa compleja como si toda la obligación de establecer una tasa específica hubiera nacido exclusivamente de una decisión caprichosa del Ayuntamiento.
La Ley 7/2022, aprobada por las Cortes Generales, estableció para las entidades locales la obligación de contar con una tasa o prestación patrimonial específica, diferenciada y no deficitaria por la gestión de residuos, en los términos previstos por la propia norma.
Eso no significa que el Ayuntamiento carezca de margen para decidir cómo distribuye la carga económica, revisar su ordenanza o introducir determinados mecanismos de reducción. Significa que el debate debe partir de la existencia de esa obligación legal y no ocultarla detrás de un eslogan.
La diferencia es fundamental.
Pino puede defender una rebaja del IBI, cuestionar el modelo municipal o proponer modificaciones concretas. Lo que debe explicar es cómo encajan esas propuestas con las obligaciones legales y cómo se financiarían los servicios municipales.
Porque hacer oposición no consiste solamente en señalar lo que nadie quiere pagar; también consiste en explicar cómo se sostendría aquello que todos quieren recibir.
LA OBSESIÓN POR EL PODER Y EL DESPRECIO AL ADVERSARIO
Quizá la cuestión más preocupante de todo este episodio sea la imagen de política que se está trasladando a la ciudadanía.
Vélez-Málaga no necesita dirigentes que conviertan cada desacuerdo en una enemistad irreconciliable. Necesita representantes capaces de discutir con firmeza y alcanzar acuerdos cuando estén en juego los intereses generales.
Pino reclama un cambio político, pero todavía tiene que demostrar que su alternativa va más allá de una sucesión de reproches, acusaciones y ataques contra sus rivales.
Resulta sencillo ponerse delante de una cámara para denunciar lo que otros hacen mal. Mucho más difícil es explicar qué decisiones se tomarían desde el gobierno, con qué recursos, con qué prioridades y mediante qué mayorías.
Y ahí surge otra pregunta incómoda: ¿cómo pretende construir consensos quien ha hecho de la confrontación una de sus principales señas de identidad?
No basta con proclamarse preparado para ser alcalde. La capacidad para gobernar se demuestra también en la oposición: en las formas, en la coherencia de los argumentos, en la relación con el resto de representantes públicos y en el respeto a las instituciones.
Se puede discrepar profundamente de Jesús Lupiáñez, del Partido Popular, del GIPMTM o de cualquier otra formación. Se pueden exigir responsabilidades políticas, reclamar dimisiones y someter cada decisión a un escrutinio riguroso. Pero nada de eso exige convertir la vida municipal en un escenario de agravios personales.
LA HEMEROTECA COMO PEOR ENEMIGO
El verdadero problema de José Pino no es que tenga adversarios dispuestos a responderle. Eso forma parte de la política. Su problema es que sus propias palabras están grabadas, publicadas y sometidas al juicio de los ciudadanos.
Cada comparecencia, cada intervención plenaria y cada declaración pública forman parte de una trayectoria que no puede borrarse con una nueva rueda de prensa.
La hemeroteca permite contrastar lo que un representante defendía ayer con lo que sostiene hoy. Permite distinguir entre la evolución razonable de una posición política y el oportunismo. Y, sobre todo, permite comprobar si la conducta de quien exige ejemplaridad a los demás responde al mismo nivel de exigencia.
Pino tiene todo el derecho a aspirar a la Alcaldía. Pero esa aspiración no le concede ninguna superioridad moral sobre sus adversarios ni lo exime de responder por sus propias intervenciones.
La crítica política no puede funcionar como una carretera de una sola dirección: quien exige explicaciones también debe estar dispuesto a darlas.
EL CINISMO COMO FORMA DE HACER POLÍTICA
Y volvemos al principio. A aquella definición de cinismo que abría estas líneas.
Porque el cinismo político no consiste únicamente en decir una cosa y hacer otra. También puede manifestarse en la facilidad con la que se reclama respeto después de haber recurrido a la descalificación, se exige responsabilidad sin asumir las consecuencias de las propias palabras o se reivindica la convivencia mientras se alimenta la confrontación.
Eso es, precisamente, lo que debe juzgarse en la actuación pública de José Pino: no sus intenciones, que solo él conoce, sino sus declaraciones, sus decisiones y la coherencia entre lo que predica y lo que practica.
Vélez-Málaga merece un debate político mucho más elevado. Merece una oposición que fiscalice y proponga, y un gobierno que escuche y rinda cuentas. Merece representantes que comprendan que una victoria dialéctica no equivale a una solución para los vecinos.
Porque al final, por mucho ruido que se haga y por muchos titulares que se acumulen, hay una realidad que ninguna estrategia de comunicación puede ocultar: la categoría de un político no se mide por la dureza con la que trata a sus adversarios, sino por la responsabilidad con la que ejerce su papel público.
Y José Pino, después de lo sucedido en los últimos días, tiene muchas explicaciones que ofrecer.
La Alcaldía de Vélez-Málaga no es un premio para quien más grita, ni un trofeo para quien consigue desgastar a su contrario.
Es una responsabilidad que exige altura política, respeto y capacidad para representar también a quienes jamás depositarían una papeleta con su nombre.
Porque una cosa es querer llegar a ser alcalde de Vélez-Málaga y otra muy distinta es demostrar que se está preparado para ser el alcalde de todos.
Y esa diferencia, por mucho que Pino intente disimularla, no la resuelve ninguna máscara.
